domingo, 27 de febrero de 2011

¿POR QUÉ CLARÍN ATACA FALSAMENTE A ALSOGARAY?

por Enrique Arenz

En tres oportunidades la columna Del Editor al lector de Clarín criticó al ministro Amado Boudou mediante el recurso fácil de recordar su paso por la UCeDé, un partido que, según esa columna, habría defendido a los militares de la dictadura. Que yo recuerde, la UCeDé nunca defendió a la dictadura; sólo exigió que a los acusados por delitos de lesa humanidad se les otorgaran todas las garantías procesales, garantías que lamentablemente han estado y siguen estando ausentes en esos juzgamientos. 

Todos recordamos que Álvaro Alsogaray fue el único político que se opuso al golpe de 1976, y el propio Clarín dio testimonio de ese pronunciamiento en su tapa del 21 de marzo de 1976. Como diputado nacional, Alsogaray (junto a su bloque de tres diputados) votó en contra de las leyes de Obediencia debida y de Punto Final, convencido que por ese camino nunca encontraríamos la reconciliación (1).
Además, en tiempos del Proceso Alsogaray escribía en La Prensa, un diario tan valientemente crítico en esos años de dictadura que hasta se atrevió a publicar la primera lista de desaparecidos. (Fue el 5 de octubre de 1977 y el diario perdió cerca de veinte mil lectores) Y no sólo eso, su periodista estrella Manfred Schöenfeld escribía diariamente una columna lapidaria contra los excesos que cometían algunos jefes militares en su  lucha contra el terrorismo. Schöenfeld reclamaba, día tras día, que las fuerzas armadas se decidieran a pasar una escoba de hierro por sus cuadros a fin de limpiarlos de esos oficiales descontrolados. Esa prédica le costó al periodista que le bajaran los dientes de un brutal golpe de manopla.

La Prensa y el Buenos Aires Herald  fueron los únicos dos diarios que denunciaron esos hechos cuando se estaban perpetrando. Clarín jamás escribió una sola denuncia, una sola crítica contra el gobierno militar. Y ahora parece ser el gran defensor de los derechos humanos. Está bien, tuvieron miedo y eso es comprensible y perdonable, o tal vez les pareció bien lo que estaban haciendo los militares en el poder, lo cual también es comprensible, aunque no tan perdonable. Lo que no es ni comprensible ni perdonable es que acusen a un hombre como Alsogaray de defender al Proceso cuando desde siempre lo criticó, tanto cuando los militares tomaron la decisión, antes del 24 de marzo, como cuando desquiciaron la economía con Martínez de Hoz y quienes lo sucedieron, y tambien cuando desembarcaron irresponsablemente en la Islas Malvinas, acción aventurera que él condenó y repudió desde el primer día. Cuando los prominentes políticos democráticos de ese tiempo, peronistas, radicales, de izquierda y de derecha, aceptaron la invitación de los militares para trasladarse a Puerto Argentino a izar el pabellón nacional, los únicos que se negaron, contrariando la corriente triunfalista y popular de ese momento, fueron Arturo Frondizi y Álvaro Alsogaray.

Pero además conviene recordar que un sobrino del ingeniero, hijo de su hermano, el general Julio, murió en la selva tucumana combatiendo al lado del ERP. Fue una trágica equivocación juvenil que toda la familia Alsogaray lloró amargamente. Cuando los padres de este muchacho fueron a Tucumán a buscar el cadáver, el General Antonio Bussi los maltrató, los humilló, le falto el respeto a Julio Alsogaray, que, aunque ya estaba retirado, seguía siendo su superior jerárquico. "¡No me venga a llorar acá, señora!Todos los días mueren mis hijos que son mis soldados y yo no lloro", le vomitó a la pobre madre que sólo iba a buscar los restos de su amado hijo.

¿Por qué entonces Clarín se ensaña con un hombre que sufrió esta desventura familiar, que falleció hace ya casi seis años y que en 1989 fue votado por dos millones de argentinos, quienes aun lo recordamos con nostalgia y respeto? ¿Hace falta, para denostarlo a Boudou o a cualquier otro funcionario que ocasionalmente haya pasado por el liberalismo, por la UCeDé o por la Universidad del CEMA, atacar insistentemente la memoria honorable de Alsogaray con acusaciones que tienen una paradójica similitud, por lo injustas y desdorosas, con ciertas denuncias infamantes que el kirchenrismo ha derramado sobre Clarín, su gerente general y su directora?

En tres oportunidades recientes vi con amargura esas afirmaciones injustas en el diario. Les escribí dos cartas aclaratorias para que no persistieran en el error. Cartas cortas, concisas, respetuosas y bien escritas, como para ser publicadas en muy pocas líneas y permitir una réplica merecida y reivindicatoria. El diario no publicó ninguna y siguió insistiendo en sus imputaciones gratuitas contra Alsogaray, la última vez fue el martes 22 de febrero (cliquear) actitud que me hace dudar de la buena fe que siempre he atribuído a ese diario, y mucho más del espíritu independiente y democrático que se arroga sin esforzarse mucho en demostrarlo.

Todavía espero que la última de mis cartas aparezca en Clarín. Porque quiero convencerme de que estoy equivocado.


1) Las leyes llamadas "De Punto Final" y "De obediencia debida" se aprobaron en junio de 1986, después de la sublevación carapintada. El bloque de la UCeDé estaba integrado en ese momento por tres diputados nacionales: el ingeniero Álvaro Alsogaray, Federico Clérici y María Julia Alsogaray que por entonces era vicepresidente de la Comisión de Defensa. Los tres legisladores votaron unánimemente por la negativa, resistiendo grandes presiones de sectores militares que no podían entender la posición del bloque liberal.