jueves, 6 de diciembre de 2018

6 de diciembre: día de San Nicolás de Bari



LA HISTORIA DE PAPÁ NOEL Y EL PRIMER REGALO DE NAVIDAD
 Del libro "Mágica Navidad" de Enrique Arenz

Papá Noel, el simpático personaje que aman todos los niños del mundo y que según una antigua leyenda reparte regalos en Navidad desde un trineo volador, fue un personaje real hace mil seiscientos años. ¡Y fue quien hizo el primer regalo navideño de la historia!
Trescientos años después de Cristo, en la ciudad de Mira (donde actualmente está Turquía), un anciano llamado Teófilo estaba desesperado. En su juventud había sido un distinguido caballero que prestó honoríficos servicios al Estado, pero por su honradez terminó olvidado y en la mayor pobreza.
A causa de su situación no podía casar a ninguna de sus tres hijas. Eran épocas en que ninguna mujer se casaba si su padre no disponía de cierta cantidad de dinero para entregar como dote al futuro marido. Teófilo sabía que a su muerte sus hijas quedarían desamparadas.
De estos avatares se enteró el obispo de la ciudad de Mira, llamado Nicolás.
Nicolás era un obispo muy querido por su bondad y humildad. Decidió ayudar a Teófilo, pero de manera anónima, de acuerdo con lo que él siempre predicaba: “Las obras de caridad no deben darse a conocer”.
Al acercarse la Navidad, el obispo vio la ocasión ideal para materializar su ayuda. En una de sus homilías, habló acerca de los milagros de Navidad y recomendó a los fieles que oraran y pidieran ayuda a Jesús. Teófilo y sus tres hijas, que estaban como siempre en la misa dominical, cumplieron con la recomendación.
En la noche de la Navidad del año 317, el obispo Nicolás se acercó sigilosamente a la vivienda del anciano y arrojó por una ventanita una pequeña bolsa con monedas de oro.
Nicolás acababa de hacer el primer regalo de Navidad.
Teófilo y sus hijas no lo podían creer. Corrieron a ver al obispo para anunciarle que se había producido el milagro de Navidad que  habían pedido. Seis meses después, Teófilo casó a su hija mayor.
Al año siguiente Teófilo y sus hijas oraron por otro milagro de Navidad y Nicolás repitió su anónimo acto de caridad. El anciano pudo casar a su segunda hija.
Teófilo estaba feliz e intrigado al mismo tiempo. Sabía que se trataba de un milagro, pero, se preguntaba, ¿quién era el encargado de realizarlo? ¿Acaso un mensajero celeste? Comentó el suceso con sus vecinos y por ellos vino a enterarse de que otros hechos similares e igualmente misteriosos habían beneficiado en Navidad a personas necesitadas.
El viejo hidalgo no se quedó tranquilo. Estaba convencido de que en la próxima Navidad se repetiría el milagro en beneficio de su tercera hija, y como era un hombre agradecido quería saber a quién debía expresar su gratitud por tanta bondad. Cuando llegó la noche de Navidad se quedó espiando y sorprendió al obispo de larga barba blanca que desmontó de su burro frente a su casa, se acercó a la ventanita y arrojó la bolsita con las monedas de oro.
Teófilo, conmovido hasta las lágrimas, cayó de rodillas ante su benefactor y besó sus manos.
―Venerable padre… ¡usted…!
─Me has descubierto, Teófilo ─dijo riendo el obispo mientras ayudaba al anciano a ponerse de pie─. No digas nada. Prométeme que guardarás el secreto.
─Pero venerable padre, ¿por qué? ─balbuceó Teófilo─ ¿Por qué se desprende usted de su dinero para ayudarme?
El obispo sonrió, besó al anciano y le dijo simplemente:
─Porque hoy es Navidad.
Según cuanta la leyenda el secreto no pudo guardarse y Nicolás dedicó el resto de su vida a llevar obsequios a los niños y a los pobres cada día de Navidad.
El obispo falleció el 6 de diciembre del año 345, y sus restos fueron sepultados en la ciudad de Mira. Pero cuando en 1087 esta ciudad cayó en manos de los musulmanes, un grupo de cincuenta marineros italianos devotos del santo a quien atribuían famosos milagros a favor de los náufragos y marineros en peligro (de hecho San Nicolás es el santo patrono de los navegantes), desembarcaron en Mira, tomaron por asalto la tumba de Nicolás y se llevaron sus huesos al pueblo italiano de Bari, donde erigieron en su honor una de las más bellas iglesias de la cristiandad. Desde entonces se lo conoce en el santoral como San Nicolás de Bari. Se le atribuye haber hecho en vida y después de muerto milagros portentosos, y se dice que tenía la facultad sobrenatural de hacerse ver en varios lugares al mismo tiempo. Aunque mucho de esto es leyenda no reconocida por la Iglesia Católica.
Si bien fue muy amado en su tiempo, lo curioso es que a pesar de ser un santo secundario en la constelación de las grandes personalidades de la Iglesia, su popularidad fue aumentando con los siglos. Miles de templos en todo el mundo llevan su nombre. Solamente en Inglaterra hay más de cuatrocientos.
Desde el siglo iv la imagen de este santo quedó indisolublemente unida a la tradición navideña. Las primeras leyendas sobre Nicolás vienen de Holanda. Lo muestran montado en un burro o un caballo repartiendo regalos a los niños el día de San Nicolás de Bari. Esta fecha se trasladó más tarde a la noche de Navidad.
La tradición Holandesa cruzó el Atlántico en 1621 y fue llevada a la isla de Manhattan  (Nueva York) por los primeros colonos holandeses que se establecieron allí.
Ya entonces lo llamaban Sinterklaas, que en neerlandés quiere decir “San Nicolás. La imagen que los colonos tenían del “Santa” de esos días era la de un obispo adusto, serio, alto, delgado, anciano y de larguísima barba blanca.
Fue un escritor neoyorquino, Washington Irving, quien, en 1809, desacralizó la
El escritor neoyorquino Washington Irving
figura solemne de un obispo con su mitra y báculo pascual y describió a Santa Claus como un anciano de baja estatura, más bien gordito y panzón, muy simpático y risueño, vestido de rojo, y montado en un trineo tirado por ocho alces voladores.
En sus Historias de Nueva York, Irving traza la imagen moderna de Papá Noel y hasta les pone nombre a cada uno de los alces. El alce guía se llama Rodolfo. Hasta el día de hoy se filman películas donde es protagonista alguno de los alces de Santa con el nombre que le dio este escritor de prolífica imaginación.
Charles W. Jones, uno de los estudiosos más serios de la vida del auténtico  San Nicolás de Bari, escribió en octubre de 1954 en el New York Historial Socity Quaterly Bulletin: “Sin Washington Irving no hubiera habido Santa Claus. Santa Claus fue inventado por Washington Irving”.
La imagen definitiva de Santa Claus la trazó el dibujante norteamericano Habdon Sundblom para la publicidad de Coca Cola entre los años 1933 y 1966, época relativamente muy reciente en comparación con el mito extendido por más de un milenio. De ahí viene tal vez el prejuicio de considerar a Papá Noel como un ícono comercial destinado a vender productos en el mundo capitalista.
Pero no es así. Papá Noel no fue una invención frívola surgida de los gabinetes publicitarios de la sociedad de consumo. Él existió, y encarnó por primera vez el espíritu de la Navidad apenas tres siglos después del Nacimiento de Jesús.
San Nicolás de Bari fue el primer cristiano que asoció la Navidad con el generoso gesto de dar a nuestros semejantes. Se puede decir que este santo fue virtualmente el “inventor” del regalo navideño. Por eso es comprensible y justo que la humanidad, a través de los siglos, haya tejido en su honor esta bellísima, tierna e imperecedera leyenda.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Estamos en ADVIENTO

UN TIEMPO DE MILAGROS Y MISTERIOS
 
Adviento deriva del latín Adventus, que quiere decir: llegada. Comienza el cuarto domingo anterior a la Navidad y finaliza el 24 de diciembre. Con Adviento se inicia el año litúrgico de la Iglesia católica. Se lee al profeta Isaías, del Antiguo testamento, que anuncia la llegada del Mesías. Juan el Bautista y María de Nazaret son mostrados como los modelos de creyentes que esperan la llegada de Jesús

por Enrique Arenz 

El Tiempo de Adviento comienza el cuarto domingo anterior a la Navidad y se celebra cada domingo hasta el 25 de diciembre. Adviento quiere decir “advenimiento” (o llegada) es el tiempo litúrgico en que los cristianos nos preparamos espiritualmente para recibir y conmemorar la llegada del Salvador.
Este año el primer domingo de Adviento cae el 2 de diciembre.
La experiencia ―aunque no la teología― nos enseña que Adviento es el tiempo de los milagros precedidos o rodeados de misteriosos acontecimientos. Varias leyendas antiguas nos dicen que entre los ángeles de Dios hay una legión especial que son los ángeles de la Navidad. Otras opiniones sostienen que todos los ángeles reciben la misión de bajar a la Tierra a partir del primer domingo de Adviento para asistir a las personas que han solicitado la ayuda Divina. Lo curioso es que estos ángeles, especiales o no, adoptan diversas formas para cumplir sus difíciles, y en muchas ocasiones, imposibles misiones.
A veces toman la apariencia de un ser humano normal, generalmente un mendigo, un anciano, una mujer.  Siempre de aspecto humilde y sencillo. En la Navidad, invariablemente, predomina la humildad y la simpleza. Otras veces, y es curioso la cantidad
de casos que se han reportado, tienen la forma de animales: aves, perros y particularmente gatos, a cuyos gestos, miradas y actitudes hay que estar muy atentos.
Si es que han venido a ayudarnos, seguramente en algún momento del Adviento se nos van a cruzar. Nunca nos anuncian que han venido, somos nosotros los que debemos descubrirlos, y para lograrlo tenemos que tener el corazón abierto a las manifestaciones sobrenaturales. Lo peor que nos puede ocurrir es que luego de haberle pedido a Dios un milagro de Navidad, estemos tan distraídos, escépticos o absortos en nuestros intereses terrenales, que dejemos pasar a ese mensajero sin notarlo.
Por eso la antigua tradición europea indica que cada domingo de Adviento debemos encender una vela en nuestros hogares. Es más que nada una manera de recordarnos a nosotros mismos que en ese instante lo terrenal y lo sobrenatural se están superponiendo para producir sucesos extraordinarios.

"Una virgen dará a luz al Salvador" Isaías.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Mi nuevo libro, una novela policial



Se trata de una novela policial escrita al estilo clásico, también denominado "novela problema", aunque con elementos no habituales en el género.

Una mujer es brutalmente asesinada en la habitación de un hotel barato de la avenida de Mayo. El investigador es un abogado penalista que trata de ayudar a un joven amigo que se ha viso imprevistamente involucrado en ese hecho.
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jueves, 19 de abril de 2018

Amílcar



Juanita no era creyente pero siempre respetó el fervoroso catolicismo de Fernando. Cuando planearon no tener hijos en los primeros años del matrimonio, ella consintió el método anticonceptivo de los ritmos, que es el único que autoriza la Iglesia.

Le resultó fascinante: durante los ciclos fértiles, la abstinencia era imperativa, entonces el deseo se acumulaba en noches ardorosas de mimos y sutiles toqueteos. Si en los últimos días del ciclo, que eran los más difíciles, alguna caricia masculina se prolongaba demasiado en la humedad anhelosa, Juanita comenzaba a sentir la escalada de un espasmo catequísticamente prohibido. Entonces ella ocultaba toda expresión delatora para que su marido no fuera a interrumpirle el placentero desahogo. Después lo abrazaba jadeante y le decía burlona al oído: No te culpes, volví a engañarte.

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domingo, 18 de marzo de 2018

HACE CUARENTA Y DOS AÑOS ÁLVARO ALSOGARAY FRACASABA EN SU INTENTO DE IMPEDIR EL GOLPE

Un solo político se opuso tenazmente al golpe del 24 de marzo de 1976. Ese político fue el ingeniero Álvaro C. Alsogaray quien en un comunicado público que lleva la fecha 18 de marzo expresó:

"Nada sería más contrario a los intereses del país que precipitar en estos momentos un golpe. Las fuerzas armadas supieron retirarse en mayo de 1973 de la escena política y no deberán volver a ella sino cuando esté realmente en peligro la supervivencia misma de la libertad. Constituyen la última reserva y no deben ser arriesgadas bajo estas condiciones. Entregaron el poder a los líderes políticos, incluyendo entre estos a los dirigentes sindicales y empresarios que actúan en función política, y fueron esos líderes quienes crearon el caos actual. Por lo tanto, son los únicos responsables, los verdaderos y exclusivos culpables de esta gran frustración argentina, y a ellos incumbe enfrentar las consecuencias y resolver, si pueden, el drama en que han sumido al país"

Fue la única voz que se oyó en medio de la impaciencia ciudadana para que el general Videla (que inicialmente se mostraba vacilante) tomara por fin la decisión de encabezar la rebelión militar. El líder de la oposición, Ricardo Balbín, desconcertado, había dicho por televisión que él no tenía soluciones. La gente hablaba en la calle y decía que había que sacar de una vez del poder a esa "pandilla de delincuentes", los diarios no opinaban, sólo informaban cautamente. Sólo La Tarde, creado por Jacobo Timmerman y dirigido por su hijo Héctor, fogoneaba la intervención de las Fuerzas Armadas.

Hasta el Partido Comunista, unos días después del 24 de marzo, emitió un comunicado de apoyo a las nuevas autoridades de la Nación, expresando sus deseos de que pusieran orden, terminaran con el terrorismo y ordenaran las cuentas públicas.

Alsogaray fue el único. Lo intentó por todos los medios, pero fracasó. Él tenía razón, tenían que funcionar las instituciones: "¿Por qué un golpe de Estado habría de liberar a los dirigentes políticos de su culpabilidad?", se preguntaba Alsogaray en su solitario pronunciamiento. "¿Por qué transformarlos en mártires incomprendidos de la democracia precisamente en momentos en que se verán obligados a proclamar su fracaso?"
Una de las ediciones de Clarín del 21 de marzo de 1976, en cuya tapa se muestran dos imágenes: la de Alsogaray, que se oponía al golpe, y la de Jacobo Timerman, que con su diario La Tarde, dirigido por su hijo Héctor, lo fogoneaba.

Y afirmaba su convicción con estas irrebatibles palabras: "Dentro de tres meses el país entero estará clamando que se vayan, pero no como perseguidos sino como culpables. No necesitamos un golpe de estado".

La tesis de Alsogaray era institucional y de gran sentido común: no había que dejarse arrastrar por el clamor civil que presionaba sobre las fuerzas armadas. Éstas debían permanecer unidas, bien cohesionadas y prescindentes mientras se desarrollaban los acontecimientos. Las instituciones de la República debían funcionar de acuerdo con las leyes. Había muchas opciones disponibles, incluyendo el traspaso del poder a la Corte Suprema. Y en última instancia, cuando los acontecimientos se hicieran incontrolables, allí estarían las Fuerzas Armadas, listas, preparadas para impedir el asalto al poder de grupos insurgentes o salir a restablecer el orden a requerimiento siempre de las autoridades legalmente constituidas.

En su libro Experiencias de cincuenta años..., Alsogaray cuenta lo ocurrido en esa época, y según su opinión no había posibilidad de desplazar a la presidente por la vía del juicio político. Asegura que lo único que podía esperarse era una descomposición total del sistema que provocara una reacción del pueblo argentino en las elecciones que debían convocarse para diciembre de 1976.  Faltaba muy poco para que el pueblo eligiera un nuevo gobierno. Alsogaray, a quien tan injustamente se ha querido involucrar en ese golpe, creía en la salida democrática. Había que votar, y que el pueblo pusiera las cosas en su lugar, harto de tanta demagogia, corrupción, desorden e impericia.

"Mi advertencia no tuvo ningún efecto", reconoce con tristeza el ingeniero. "El movimiento estaba ya lanzado y, como siempre ocurre en estos caso, era practicamente imposible detenerlo. Por otra parte, el entusiasmo por el golpe de Estado en niveles elevados de la comunidad era un factor estimulante para la realización del mismo".

Si alguien podía hacer algo en ese momento para disuadir a los militares de lanzarse a esa peligrosa aventura, ese alguien era Alsogaray, figura altamente respetada por los sectores castrenses. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, el golpe se hizo, es decir, Alsogaray no pudo concretar uno de sus objetivos más nobles, democráticos y lúcidos de su carrera política de medio siglo.

A cuarenta y dos años de aquellos sucesos, yo prefiero recordar el 24 de marzo de 1976 como el día en que Alsogaray fracasó en su intento por rescatar las instituciones y la democracia. Recordar ese gesto tan lúcido es la mejor forma de honrar la memoria de ese talentoso hombre público que fue el inolvidable ingeniero Álvaro C. Alsogaray.


Enrique Arenz

(Se permite su reproducción citando este blog) 


Otros artículos sobre Alsogaray (cliquear en los títulos)

martes, 27 de junio de 2017

En mi nuevo libro CUENTOS DE LA OSCURIDAD


Esta es una historia cuya acción transcurre entre marzo y octubre de 1976. En ella se narran los diálogos entre el general Videla y su confesor, el sacerdote jesuita Bernardo Montesini, y entre éste y su superior, el padre Jorge
Mario Bergoglio durante los primeros meses del gobierno militar. Se describen sucesos históricos por todos conocidos, pero sólo como marco para analizar los misterios del alma humana en sus rincones más oscuros y desconocidos. Hago la advertencia de que es un texto por momentos desgarrador, cuya lectura puede movilizar rechazos, despertar intolerancias y lastimar la sensibilidad de algunos
lectores. Como toda obra literaria, no tiene la intención de moralizar ni de convencer a nadie de nada. Solamente hacer reflexionar sobre una tragedia que todos vivimos y sobre la que quizás nunca nos pondremos de acuerdo.
Este cuento integra mi nuevo libro “Cuentos de la oscuridad”, que ya se encuentra en las librerías.

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